Elegir conscientemente: entre el árbol de la vida y el árbol del conocimiento

La naturaleza y el bienestar

La naturaleza elige siempre el bienestar para sobrevivir.
No porque sea consciente del bienestar o del malestar, sino porque solo es consciente de sobrevivir. No tiene opción. No elige. Simplemente responde.

Por eso la naturaleza no conoce el malestar como concepto. No duda, no juzga, no se pregunta. Vive alineada a su propósito.

El ser humano, en cambio, sí tiene el poder de elegir.
Y ahí aparece la diferencia fundamental.

El poder humano de elegir

El ser humano no solo puede sobrevivir: puede vivir y disfrutar.
Puede elegir bienestar… o malestar.

¿Por qué elige malestar si puede elegir bienestar?
Porque vive dividido entre dos caminos:

  • El camino del deseo
  • El camino del propósito

Ambos caminos deberían ir alineados, no reemplazarse. Son como los carriles de un tren: parecen separados, pero a lo lejos se unen.

Cuando priorizamos el deseo por sobre el propósito, empezamos a elegir desde:

  • Lo que me gusta / no me gusta
    y no desde
  • Lo que me funciona / no me funciona

Y aunque somos conscientes de que muchas veces lo que nos gusta nos hace mal y lo que no nos gusta nos hace bien, aun así, elegimos el deseo.

Propósito antes que deseo

Para alinear deseo y propósito, primero debo responder una pregunta esencial:
¿Quién soy realmente?

Mientras no sepa quién soy, no puedo conocer mi propósito.
Y si no conozco mi propósito, el deseo tomará el control de mi vida.

El deseo sin propósito nos gobierna.
El propósito con deseo alineado nos libera.

La sabiduría del árbol

El árbol nos enseña una gran lección.

En otoño suelta sus hojas, aun cuando esas hojas son lo que lo alimenta.
No porque le guste, sino porque prioriza su propósito de sobrevivir y seguir creciendo.

El árbol no se resiste. No juzga. No duda.
Suelta lo que debe soltar para seguir viviendo.

Luego, naturalmente, vuelve a disfrutar.

El ser humano y la conciencia

El ser humano, al saber que es el que siente, puede elegir qué sentir.
Y al ser consciente de ello, puede elegir lo que no le gusta de forma temporal, sabiendo que eso lo conduce a su propósito.

Como el árbol, puede soltar hojas.

Aquí aparece la conciencia:
elegir lo incómodo hoy para sostener el bienestar mañana.

El árbol de la vida y el árbol del conocimiento

El árbol de la vida simboliza a quien, por naturaleza, elige bienestar.
Quien vive conectado a la vida controla la causa de este mundo:
la energía del pensamiento.

Piensa benevolentemente, independientemente de lo que suceda.

El árbol del conocimiento del bien y del mal representa al ser humano consciente, que tiene opción de elegir entre bienestar y malestar.
Por eso necesita desarrollar la habilidad de responder, antes de hacerse cargo de su propia supervivencia.

Si se deja guiar solo por el deseo y olvida su propósito, es probable que se pierda.

Tú eres el árbol

Cada uno de nosotros es un árbol que puede elegir:

  • Comer del fruto del árbol de la vida
  • O del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal

Si comes del árbol de la vida:

  • Elegirás bienestar.
  • Te guiarás por el instinto y la intuición.
  • Lo que suceda serán retos, no amenazas.

Si comes del árbol del conocimiento:

  • Deberás estar muy atento al deseo.
  • Necesitarás claridad de propósito.
  • Deberás elegir respuestas desde niveles altos de consciencia.
  • Deberás hacerte responsable.

Caer en la vergüenza

Cuando comemos del fruto del conocimiento del bien y del mal y “morimos de vergüenza”, caemos en el nivel más bajo de consciencia.

La vergüenza es el desconocimiento total de nuestra verdadera esencia.
Es creer que no valgo nada.

Entonces culpamos a la “serpiente”, esa energía que impulsa el deseo, olvidando que fuimos nosotros quienes elegimos.

No caemos solos. Nuestro “doble”, nuestra conciencia más elevada, nos guía para volver a subir…
hasta que nos entretenemos con los deseos y dejamos de escucharlo.

Unidad y dualidad

El árbol de la vida representa la unidad.
El árbol del conocimiento representa la dualidad.

Se cree que la dualidad genera totalidad (bien y mal = todo), pero esto es una ilusión.
El bien y el mal no son hechos, son puntos de vista.

Cuando dejamos de juzgar, dejamos de comer del árbol del conocimiento y entramos en la neutralidad, la puerta hacia la unidad.

Desde ahí podemos elegir conscientemente volver al árbol de la vida.

Instinto, intuición y memoria

El árbol y el animal se guían por instinto.
Nosotros, que podemos elegir, muchas veces nos guiamos por la memoria.

El verdadero camino consciente es elegir que nos guíe el instinto y la intuición, no el pasado.

  • El instinto está ligado al deseo.
  • La intuición está ligada al propósito.

La pregunta final es simple y poderosa:

¿Está mi deseo alineado a mi propósito,
o estoy sacrificando mi propósito por el deseo?

Cierre

Ser conscientes de ser conciencia es recordar que la mente es nuestra herramienta creativa, no nuestra cárcel.
Elegir bienestar no es negar el dolor, es responder con propósito.

La vida siempre nos ofrece la elección.
El árbol está ahí.
El fruto también.

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